Hay un debate recurrente en los consejos de administración de las empresas de transporte e industria: ¿cómo descarbonizar aquello que no se puede electrificar fácilmente con baterías? La respuesta más madura, real e inmediata son los biocombustibles de segunda generación (2G) o combustibles renovables.

A diferencia de los de primera generación (1G),que utilizaban cultivos alimentarios como maíz o soja, generando un fuerte debate sobre el uso de la tierra y la seguridad alimentaria, los 2G se producen exclusivamente a partir de residuos: aceites usados de cocina, desechos agrícolas, restos forestales y grasas animales no destinadas al consumo humano.

Son lo que en el sector llamamos «combustibles drop-in». No requieren cambiar el motor del avión, del camión ni la red de distribución. Reducen las emisiones netas de CO2 hasta en un 90% en todo su ciclo de vida comparados con los fósiles.

Ejemplos de Biocombustibles 2G en España

El marco normativo europeo (ReFuelEU Aviation y FuelEU Maritime) obliga a recortar emisiones en sectores complejos. En España, tres grandes actores energéticos e industriales lideran proyectos operativos o megaplantas consolidadas:

1. Moeve & Bio-Oils: El megacomplejo de Huelva

En el entorno industrial de Palos de la Frontera (Huelva), la alianza entre Moeve y Bio-Oils completa en 2026 la fase final y arranque operativo del mayor complejo de biocombustibles 2G del sur de Europa.

Moeve ha movilizado una inversión de 1.200 millones de euros para una planta capaz de producir de forma flexible hasta 500.000 toneladas anuales de diésel renovable (HVO) y combustible sostenible de aviación (SAF).

Procesará miles de toneladas de residuos agrícolas y aceites usados, evitando la emisión de más de 3 millones de toneladas de CO2 al año (equivalente a retirar un 4% del parque de transporte pesado de las carreteras españolas).

2. Repsol: Escalado Comercial en Cartagena y Suministro a Aviación

Tras marcar el hito de abrir la primera planta 100% dedicada a biocombustibles 2G a escala industrial en su complejo energético de Cartagena (Murcia), Repsol consolida en 2026 la integración de esta tecnología en la cadena de suministro nacional.

La instalación procesa 300.000 toneladas de residuos para fabricar 250.000 toneladas anuales de combustibles renovables (HVO y SAF).

Repsol abastece de SAF de origen 2G a las principales aerolíneas operativas en aeropuertos españoles (Iberia, Vueling, Ryanair), permitiendo operar vuelos de larga y corta distancia reduciendo drásticamente la huella de carbono por pasajero sin modificar la flota de aeronaves existente.

3. BP (Refinería de Castellón): Transformación Industrial

En la refinería de Castellón, BP ha avanzado en su estrategia de convertir infraestructuras fósiles tradicionales en hubs de energía limpia, situando a la Comunitat Valenciana en el mapa de las moléculas verdes.

Ha escalado de la coprocesación y producción dedicada de biocombustibles para aviación y transporte marítimo pesado basados en aceites usados de cocina y grasa industrial recuperada.

Permite suministrar diésel renovable directamente al sector logístico de mercancías y a las flotas portuarias del Mediterráneo, reduciendo no solo el CO2, sino eliminando casi por completo las emisiones de azufre (SO_x) y partículas finas en zonas costeras.

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La planta de biocombustibles de segunda generación

La construcción de esta planta de biocombustibles de segunda generación aporta unas cifras escalofriantes. Por ejemplo, 590 kilómetros de tuberías y 1400 kilómetros de cable. Los biocombustibles de segunda generación son una tecnología estratégica. Además, presentan una solución actual para acelerar la descarbonización del transporte, ya que contribuyen significativamente a la reducción de emisiones de CO2.

Este proyecto no sólo se enfoca en la producción de SAF y diésel renovable, sino que también incluye la generación de biogás, fundamental para la producción de hidrógeno verde. Este hidrógeno es esencial para descarbonizar la industria y contribuirá al ecosistema del Valle Andaluz del Hidrógeno Verde que lidera Cepsa.

La instalación asegura el suministro de materia prima a través de residuos orgánicos. En particular, emplea desechos agrícolas y aceites usados de cocina, mediante un acuerdo global y a largo plazo con Apical. Este enfoque circular contribuye a la economía circular al utilizar residuos que de otro modo serían desechados.

Comparado con los combustibles tradicionales, los biocombustibles desarrollados en este complejo evitan la emisión de 3 millones de toneladas de CO2 anuales, equivalente al 4% de las emisiones del transporte por carretera en España.

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Moeve y su apuesta por los biocombustibles de segunda generación

La planta de biocombustibles de segunda generación más grande del sur de Europa está en Palos de la Frontera, Huelva. Marca un hito en la producción sostenible de 500.000 toneladas anuales de combustible de aviación sostenible (SAF) y diésel renovable (HVO). De esta forma, se convierte en el segundo mayor complejo de combustibles renovables en Europa.

Con un enfoque en la sostenibilidad, la nueva planta utiliza tecnología de última generación para producir biocombustibles de segunda generación con un mínimo impacto ambiental. Gracias al consumo de hidrógeno renovable y electricidad 100% renovable, la instalación emitirá un 75% menos de CO2 en comparación con las plantas de biocombustibles convencionales. Además, está diseñada para alcanzar emisiones netas cero a medio plazo.

La planta, que no utiliza agua dulce y sólo emplea aguas recuperadas, cuenta con una potente planta de tratamiento de aguas para minimizar su impacto en el ecosistema. Además, es nativa digital, e incorpora las últimas tecnologías en inteligencia artificial, internet de las cosas (IoT) y análisis de datos.

 

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