Los pulpos son criaturas marinas extraordinariamente cautivadoras. Su capacidad para resolver problemas y aprender es notable. También utilizan objetos, cambian de color y textura. Escapan de depredadores y desarrollan complejas estrategias de caza. Esto los convierte en un gran ejemplo de inteligencia entre los invertebrados.

Para conmemorar el Día Internacional del Pulpo de 2026 (8 de octubre), exploraremos el origen de estas habilidades. Detrás de ellas, existe una historia evolutiva. Esta comenzó hace unos 100 millones de años. Entonces, los antepasados de los pulpos se dividieron en dos linajes con estilos de vida distintos.

Un estudio científico de 2026, publicado en Current Biology, descubrió una característica molecular particular. Podría explicar la sofisticación de los sistemas nerviosos y comportamientos de algunos pulpos. Los investigadores hallaron una modificación única en los ribosomas de los pulpos de aguas poco profundas. Se relaciona con su asombrosa habilidad para editar el ARN mensajero. Este descubrimiento sugiere que la innovación molecular pudo facilitar la evolución de sus complejos cerebros.

Dos formas de vida en el océano

Los pulpos actuales se dividen en dos grupos evolutivos principales. Los Incirrata incluyen a la mayoría de los pulpos conocidos. Suelen habitar aguas relativamente poco profundas. Los Cirrata, o pulpos paraguas, se adaptan a las profundidades oceánicas.

Ambos linajes se separaron hace aproximadamente 100 millones de años. Las condiciones ambientales posteriores favorecieron estrategias muy diversas.

Los pulpos que colonizaron ambientes menos profundos enfrentaron ecosistemas con muchos depredadores. También había gran diversidad de presas y competidores.

Los fondos rocosos, arrecifes y hábitats costeros ofrecen alimento abundante. Sin embargo, exigen una alerta constante. En este entorno, era muy útil poseer una gran capacidad sensorial. También, aprender de experiencias pasadas y manipular objetos. Esencial, además, era la habilidad para esconderse y modificar rápidamente las estrategias de caza.

Los pulpos de aguas profundas siguieron otro camino. En las profundidades, la luz es escasa o nula. Las temperaturas son bajas y la presión es elevada. Los recursos alimentarios son mucho más limitados. Los cirrados tienen características propias de su ambiente. Por ejemplo, poseen cirros alrededor de sus ventosas. También, estructuras similares a aletas para desplazarse.

Esta diferencia ecológica es relevante. El nuevo estudio vincula la innovación molecular en pulpos de aguas poco profundas. La conecta con la evolución de un sistema nervioso especialmente complejo.

El extraño secreto del ARN de los pulpos

Los cefalópodos, grupo que incluye pulpos, calamares y sepias, poseen una capacidad extraordinaria. Pueden editar el ARN mensajero (ARNm).

El ADN guarda las instrucciones genéticas. Sin embargo, para producir una proteína, la célula usa el ARNm como intermediario. Antes de que los ribosomas traduzcan este mensaje, los cefalópodos pueden modificar su secuencia en puntos específicos. Así, la misma información genética puede generar proteínas ligeramente distintas.

Esta edición de ARN es mucho más común en cefalópodos. Es más extensa que en la mayoría de los animales. Una modificación clave es la conversión de adenosina a inosina. Se conoce como edición A-to-I. Cuando un ribosoma encuentra inosina durante la traducción, puede interpretarla de forma diferente. Esto produce una versión modificada de la proteína.

Esta capacidad ofrece una flexibilidad enorme. La edición puede modificar proteínas. Estas se relacionan con el funcionamiento del sistema nervioso. Ayuda a los animales a adaptarse a cambios ambientales, como la temperatura del agua.

Pero existe un inconveniente. A mayor modificación del ARNm, mayor riesgo de que el ribosoma lo interprete mal. Una traducción incorrecta puede generar proteínas defectuosas. También, proteínas que no se pliegan correctamente.

Un ribosoma especialmente preparado

Los investigadores descubrieron una modificación muy particular en el ARN ribosómico (ARNr) de los pulpos de aguas poco profundas. Los ribosomas son estructuras celulares. Son responsables de transformar la información del ARNm en proteínas.

En estos pulpos, una parte del ARNr 28S, concretamente la hélice 88 de la región E, sufre una modificación inusual. El ARN se corta en dos fragmentos. Pese a la rotura, permanecen unidos y funcionan como parte del mismo ribosoma.

No se trata, por tanto, de un ribosoma dañado. Es una modificación biológica programada. Parece alterar sus propiedades funcionales.

El equipo investigador halló esta característica en 15 especies de pulpos Incirrata de aguas poco profundas. Sin embargo, no la encontraron en las 12 especies de pulpos de aguas profundas estudiadas. La diferencia es notable. Coincide con la separación evolutiva de los dos grandes linajes.

Los experimentos también ofrecieron evidencia funcional. Los ribosomas de pulpo procesaron ciertos ARNm editados con mayor precisión. Al compararlos con ribosomas de mamíferos, estos últimos tuvieron más dificultad. Les costó traducir correctamente algunas secuencias con inosina.

La modificación del ribosoma parece funcionar como una adaptación molecular. Se ajusta al sistema particular de edición del ARN de los pulpos.

La combinación evolutiva extraordinaria de los pulpos

La hipótesis del estudio es muy interesante. Conecta dos características conocidas de los cefalópodos.

Por un lado, los pulpos pueden modificar en gran medida su ARN mensajero. Esto genera proteínas con diferentes propiedades. Por otro lado, sus ribosomas habrían desarrollado una estructura especial. Esta permite procesar esas instrucciones modificadas con alta precisión.

Esta combinación podría haberles permitido aprovechar los beneficios de la edición del ARN. Lo hicieron sin sufrir tantos problemas por la producción de proteínas incorrectas.

En términos sencillos, los pulpos consiguieron modificar frecuentemente las instrucciones celulares. Al mismo tiempo, adaptaron la maquinaria encargada de leerlas.

Esto pudo ser especialmente importante en el sistema nervioso. Un cerebro complejo requiere producir y mantener una gran variedad de proteínas. Estas se relacionan con neuronas, conexiones, receptores y mecanismos celulares. Una mayor flexibilidad en la producción de proteínas podría ofrecer ventajas. Esto ocurre cuando un animal necesita reaccionar rápido a condiciones ambientales diversas.

Del ribosoma al comportamiento

Los pulpos Incirrata desarrollaron algunos de los comportamientos más sofisticados. Estos se conocen entre los invertebrados. Pueden aprender de la experiencia y recordar situaciones específicas. También, manipular objetos y abrir recipientes. Utilizan refugios y desarrollan estrategias de caza diferentes. Estas dependen de la presa o del peligro.

Sus brazos son estructuras extraordinariamente complejas. Gran parte de sus neuronas se distribuyen en el sistema nervioso de los brazos. Esto permite que estos órganos procesen información sensorial. También, que participen en movimientos muy precisos.

La evolución de este complejo sistema nervioso probablemente fue multifactorial. No se puede atribuir a una sola modificación genética o molecular. Sin embargo, el estudio propone que la innovación del ribosoma pudo ser una pieza clave del rompecabezas.

La hipótesis sugiere que los pulpos costeros enfrentaron una fuerte presión evolutiva. Necesitaban mejorar sus capacidades sensoriales y cognitivas. La edición del ARN ofrecía un modo de aumentar la diversidad funcional de las proteínas. La modificación del ribosoma habría ayudado a usar esas instrucciones con mayor precisión. Con el tiempo, esta combinación pudo favorecer la evolución de sistemas nerviosos cada vez más sofisticados.

¿Qué pulpos encontramos en los océanos?

La diversidad de los pulpos refleja sus distintos caminos evolutivos. Entre los Incirrata, hallamos el pulpo común (Octopus vulgaris). Este vive en aguas templadas y subtropicales. Además, hay muchas especies costeras. Se adaptan a fondos rocosos, arrecifes y otros ambientes.

También existen especies más pequeñas y especializadas. Algunas se ocultan entre rocas, arena o conchas. Otras desarrollan camuflajes increíbles. Modifican rápidamente el color y la textura de su piel.

Los Cirrata, en cambio, son menos conocidos. Viven en las profundidades. Incluyen especies de Opisthoteuthis, los pulpos paraguas. Estos tienen una membrana entre los brazos y aletas. Las usan para moverse por el océano profundo.

Son animales muy distintos a los pulpos costeros en apariencia y comportamiento. Pero ambos grupos provienen del mismo linaje ancestral. Este tomó caminos evolutivos diferentes.

Una pieza más para comprender a los pulpos

El descubrimiento no implica que la modificación del ribosoma sea la única causa de la inteligencia de los pulpos. La evolución de su cerebro y comportamientos es mucho más compleja. Probablemente, es resultado de muchos cambios acumulados durante millones de años.

El estudio aporta una nueva conexión. Relaciona la ecología, la evolución, el ARN, los ribosomas y el comportamiento. La investigación muestra que una modificación microscópica en la maquinaria celular aparece en el linaje de pulpos. Precisamente, en aquel que desarrolló una extraordinaria capacidad de edición del ARN y sistemas nerviosos más complejos.

Hace unos 100 millones de años, los antepasados de los pulpos siguieron dos rutas distintas. Los que se quedaron en ambientes profundos adoptaron una estrategia. Se adaptaron a un mundo oscuro, frío y con recursos limitados. Los que ocuparon aguas menos profundas encontraron un escenario más competitivo y cambiante.

En ese ambiente, aprender, explorar y manipular objetos era vital. También, camuflarse y reaccionar rápido. Podía ser la diferencia entre la vida y la muerte. La evolución pudo responder modificando no solo el comportamiento animal. También, su propia maquinaria molecular.

El ribosoma de estos pulpos podría ser una de las piezas que hicieron posible esa transformación. Una pequeña modificación en una estructura microscópica. Habría ayudado a sus células a manejar una forma extraordinaria de edición genética. Esta capacidad, junto a millones de años de evolución, contribuyó a que los pulpos costeros sean de los animales más inteligentes y sorprendentes de los océanos.