Un estudio liderado por el Instituto de Bioingeniería de Cataluña (IBEC) demuestra que el quitosano puede transformarse en un material más robusto cuando se moja.

El polímero desarrollado a partir de desechos de crustáceos presenta una propiedad única. Su resistencia mecánica se incrementa de forma notable cuando el material entra en contacto directo con el agua. Este comportamiento contraría la tendencia general de los polímeros, que suelen debilitarse en presencia de humedad.

La composición del material, rica en quitina y sus derivados, permite una reorganización de sus cadenas moleculares al absorber agua. Dicha reorganización genera una estructura interna más compacta y resistente.

El hidroreforzamiento para biomateriales

El fenómeno de refuerzo inducido por agua se denomina hidroreforzamiento. El mecanismo se basa en la interacción entre las moléculas de agua y los grupos polares presentes en la cadena del quitosano, que es el componente principal. El agua actúa como un plastificante temporal que permite que las cadenas poliméricas se deslicen y reorganicen.

Una vez disponible, estas cadenas forman un mayor número de enlaces de hidrógeno intra e intermoleculares. Esto aumenta la cristalinidad local y, por tanto, la rigidez y la resistencia a la tracción del material. Este proceso es reversible. Al secarse, el material puede perder parte de esa resistencia adicional, pero recupera su capacidad de hidroreforzamiento en un nuevo ciclo de humectación.

Este avance ofrece una solución práctica para aplicaciones donde se requiere un rendimiento consistente en ambientes húmedos. El material es completamente biodegradable y puede sustituir eficazmente a varios plásticos de un solo uso en sectores como el envasado agrícola o productos de higiene efímeros. Su origen en residuos agroindustriales también contribuye a una economía más circular.