Investigar el cambio climático en España es mucho más complejo de lo que parece a simple vista. Más allá del debate social y político, la comunidad científica se enfrenta a un desafío diario silencioso: modelos de predicción que chocan con una geografía extraordinariamente diversa, microclimas impredecibles y un volumen de datos masivo que no siempre es fácil de procesar. No es solo cuestión de medir temperaturas, sino de descifrar cómo encajan piezas técnicas tan contradictorias como la desertificación del sur y los fenómenos extremos en la costa mediterránea.

En este artículo nos adentramos en la trastienda de la ciencia española para entender por qué medir el impacto real del calentamiento global en nuestro país es un auténtico reto técnico. Si quieres descubrir las limitaciones, los sesgos de los datos y los obstáculos metodológicos a los que se enfrentan nuestros investigadores cada día, no te pierdas el análisis completo.

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Las dificultades de investigar el cambio climático en España

España dispone de un sistema científico sólido en climatología, donde cabe destacar: AEMET, CSIC, universidades y servicios meteorológicos autonómicos. Incluso ha recibido un máximo histórico de inversión en I+D+i cercano a 24.000 millones de euros (1,5 % del PIB). Por eso, es el cuarto país por ayudas del Consejo Europeo de Investigación. Sin embargo, un investigador que intenta reconstruir y proyectar la evolución del clima choca con dificultades estructurales en cinco frentes: observación, calidad de datos, financiación, modelización y fragmentación institucional.

Dificultades en la red de observación

La base observacional presenta problemas de cobertura y de relevo generacional. AEMET afronta un déficit de observadores meteorológicos por la oleada de jubilaciones de una plantilla muy envejecida; el problema es especialmente agudo en territorios de alto coste de vivienda (País Vasco, Baleares), donde un salario homogéneo en todo el Estado resulta insuficiente. Para paliarlo se han convocado 60 plazas más 40 extraordinarias, hasta un centenar de nuevos puestos. A esto se suma la fragmentación de redes: la observación cercana al suelo se reparte entre AEMET y servicios autonómicos (Meteocat, Euskalmet, MeteoGalicia), con densidades heterogéneas y déficits en zonas de montaña y media montaña. De hecho, Meteocat reforzó en 2025 su red con 4,2 millones de euros para instalar cinco estaciones automáticas de alta montaña y renovar pluviómetros, lo que evidencia que la cobertura orográfica era insuficiente.

Calidad, homogeneización y longitud de las series

El estudio de tendencias exige series largas, continuas y homogéneas, pero la mayoría de los observatorios históricos están inmersos en ciudades y sufren el efecto de la urbanización (isla de calor), reubicaciones y cambios de instrumental que introducen discontinuidades. La literatura climatológica española subraya la necesidad de corregir el sesgo urbano y de aplicar homogeneización antes de inferir tendencias seculares en el Mediterráneo occidental. Además, para fenómenos como las intrusiones de polvo sahariano —clave en el clima del sur peninsular—, la falta de datos observacionales unificados había impedido hasta 2026 cuantificar con precisión su evolución; solo un esfuerzo de compilación de 103 estaciones europeas (2012-2021) permitió cartografiar la exposición, revelando aumentos de 0,5-1 µg/m³ en el polvo de fondo en toda España y un incremento de la severidad de los episodios en el sur.

Financiación y recursos humanos

Pese al récord agregado de inversión, la financiación competitiva de proyectos está congelada en términos reales. La convocatoria de Proyectos de Generación de Conocimiento (PID2025), dotada con 697,6 millones de euros, financia 3.422 proyectos con una media de ~127.000 € por proyecto (67 % recibe menos de 150.000 €); al repartirse en tres años, muchos grupos operan con menos de 50.000 € anuales y solo uno de cada tres puede contratar un predoctoral. Mientras los costes directos subieron un 5,5 %, las solicitudes crecieron un 10 %, de modo que la dotación media por proyecto lleva estancada desde 2022 y la tasa de éxito baja. El Tribunal de Cuentas advierte de que, para cumplir el objetivo de la Ley de la Ciencia (1,25 % del PIB en financiación pública en I+D+i para 2030), España debe incrementar el esfuerzo presupuestario en 4.500 millones de euros. A esto se añade la precariedad de programas de estabilización (Ramón y Cajal, Juan de la Cierva), también recortados, que dificulta retener talento climático.

Limitaciones de modelización regional 

La orografía compleja y la condición peninsular-mediterránea de España exigen proyecciones de alta resolución que los modelos globales (CMIP6) no resuelven bien. Los científicos recurren al downscaling dinámico regional (CORDEX) y al análisis del papel de las parametrizaciones, pero persisten incertidumbres en la representación de procesos locales —recirculación, brisas, interacción land-sea, sequías— y en la caracterización de los patrones de cambio sobre la Península (Universidad de Granada, Copernicus/ECMWF – CORDEX). A nivel internacional, la evidencia disponible apunta a un sesgo adicional: buena parte de la investigación de impacto se basa en modelos y simulaciones más que en observaciones reales, lo que dificulta identificar qué estrategias de adaptación funcionan realmente en contextos específicos. Esto ha sido algo explícitamente señalado para ciudades españolas frente a otras europeas.

Fragmentación institucional de datos

Los datos climáticos están dispersos entre administraciones estatales, autonómicas, organismos de cuenca y proyectos europeos, con diferentes formatos, periodos de referencia y protocolos de calidad, lo que obliga a un trabajo costoso de integración antes de cualquier análisis de evolución. El propio CSIC reconoce, en su estrategia Conexiones-CSIC, la necesidad de dotar de herramientas y recursos para abordar las interrelaciones entre calentamiento global y crisis acopladas (biodiversidad, sanitarias, sociales) en las próximas décadas.

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Causas de la dificultad de la investigación del cambio climático

Existen numerosas dificultades de la investigación científica sobre el cambio climático, y eso ralentiza la compresión de este fenómeno actual.

El volumen de información científica sobre el cambio climático crece tan rápidamente que ningún investigador puede leer todo lo que se publica en su área de especialización. IBM estimó que para estar al tanto de todo lo que se publica en un ámbito de trabajo individual. Así llegó a la conclusión que un médico necesita leer 160 horas por semana (Brynjolfsson y McAfee, 2014). Este fenómeno tiene consecuencias importantes:

Colaboración en la investigación sobre cambio climático

Como no conocen todo lo que se publica en sus disciplinas y en otras áreas de investigación que pueden ser relevantes, los investigadores tienen que colaborar con otros investigadores. A veces estas colaboraciones resultan en nuevas disciplinas que emergen en las fronteras entre disciplinas existentes, por ejemplo, la bioinformática.

Los organismos financiadores de muchos países están promoviendo activamente las colaboraciones interdisciplinarias (entre disciplinas) y transdisciplinarias (que también incluyen actores no académicos).

Evolución de la investigación académica

Los departamentos académicos tradicionales estructurados por áreas disciplinarias están evolucionando para favorecer enfoques más interdisciplinarios, tanto en la investigación como en la docencia.

Algunas universidades de EE.UU. (por ejemplo, University of Arizona) ya están adoptando estructuras y currículos interdisciplinarios. Los alumnos estudian por medio de estudios de casos y no siguiendo programas académicos predeterminados.

Estructuras rígidas de trabajo

Las organizaciones públicas de investigación tienen poca flexibilidad para ajustar rápidamente sus líneas de trabajo porque las investigaciones necesitan tiempo para rendir frutos y porque muchos investigadores tienen estabilidad en su trabajo.

Al mismo tiempo, debido al rápido avance de la ciencia y la tecnología los sistemas de investigación y sus organizaciones tienen que adaptarse más rápidamente que en el pasado.

El balance entre la continuidad y el cambio requiere un delicado equilibrio ya que las decisiones sobre qué investigar y cómo son parcialmente irreversibles. Este problema se potencia por las dificultades que tiene el sector público para interrumpir proyectos en ejecución debido a los intereses que son afectados por la decisión.