El hielo marino se reduce, mientras aumenta el tráfico maritimo y la contaminación acústica submarina en el Ártico. Esta creciente actividad genera un entorno acústico alterado que interfiere en los esenciales procesos de caza y en el sistema de comunicación de los narwhales, animales emblemáticos de estas aguas frías.
La contaminación acústica submarina se refiere al exceso de sonido antropogénico en los océanos. Para los narvales, que dependen de la ecolocación para detectar presas en la oscuridad y mantener contacto social, el ruido constante de los motores de los buques actúa como una barrera sensorial. Este fenómeno no solo reduce su eficiencia alimentaria, sino que también puede aumentar su estrés y modificar sus patrones migratorios, todo en un contexto de rápido cambio climático que ya presiona su hábitat.
Comprender este impacto es fundamental para diseñar estrategias de navegación más sostenibles en el Ártico, donde la coexistencia entre la actividad humana y la vida silvestre requiere soluciones técnicas innovadoras y respetuosas.
¿Qué es la contaminación acústica submarina?
La contaminación acústica submarina es el exceso de ruido generado por las actividades humanas en el mar que altera las condiciones normales del medio y perjudica a los organismos que viven en él. No se ve, pero suena, y cada vez más científicos la consideran una presión emergente tan seria como la sobrepesca o la contaminación química.
En el agua el sonido viaja más rápido y más lejos que en el aire, así que cualquier ruido se amplifica y se propaga a grandes distancias. Por eso, lo que nosotros percibimos como un zumbido lejano puede convertirse en un muro sonoro para un delfín o una ballena.
Las principales fuentes de ruido submarino son:
Tráfico marítimo: mercantes, ferris, cruceros, pesqueros; es la fuente más constante y extendida.
Construcción de infraestructuras: puertos, diques, parques eólicos marinos, dragados, pilotes.
Prospecciones sísmicas: como perforaciones de gas y petróleo. Estas son causadas por cañones de aire comprimido que superan los 200 decibelios.
Sonar militar y maniobras navales: pulsos muy intensos en determinadas bandas de frecuencia.
La contaminación acústica submarina se produce por sonidos de alta intensidad. A menudo son de baja y media frecuencia, que se superponen al «paisaje sonoro” natural del océano. El resultado es un mar más ruidoso y menos habitable para muchas especies.
Cómo afecta a la vida marina la contaminación acústica submarina
El océano no es silencioso. Está lleno de chasquidos de crustáceos, cantos de ballenas, clics de delfines y crujidos del hielo. Sobre ese fondo, el ruido humano actúa como una interferencia continua.
Entre los efectos más preocupantes se encuentran:
Interrupción de la comunicación: los cetáceos dependen del sonido para “hablarse”, coordinarse, buscar pareja y mantener unidas a las crías. El ruido de barcos y sonares enmascara sus señales y obliga a los animales a gritar más alto o a cambiar de frecuencia.
Desorientación y cambios de comportamiento: se han descrito alteraciones en los patrones de buceo, huida de hábitats clave, cambios en rutas migratorias y aumento del gasto energético.
Daños físicos: niveles por encima de 160–165 dB pueden causar daños en tejidos y sistemas auditivos, especialmente en mamíferos marinos expuestos a explosiones o cañones de aire.
Estrés crónico: el ruido prolongado incrementa la tasa respiratoria, altera hormonas y reduce crecimiento y reproducción en distintas especies.
Impacto en invertebrados y base de la cadena trófica: estudios recientes muestran cambios en proteínas, crecimiento y mortalidad en invertebrados marinos, e incluso se investiga su efecto sobre el fitoplancton.
Cuando el ruido tapa los sonidos naturales del ecosistema, se debilita todo el tejido de relaciones que sostiene la vida en el mar. Desde el plancton hasta las grandes ballenas, nadie está completamente a salvo.
La contaminación acústica submarina en España
España es una potencia marítima, turística y pesquera. Y eso se escucha bajo el agua. El Mediterráneo, el Estrecho de Gibraltar, el Cantábrico y las rutas hacia Canarias concentran un tráfico intenso de buques comerciales, ferris y cruceros, además de maniobras navales.
Estas zonas albergan poblaciones de calderones, zifios y delfines muy sensibles al sonido, mientras soportan rutas de grandes buques y ejercicios militares. En el pasado, episodios de varamientos masivos de calderones en Canarias se han vinculado internacionalmente al uso de sonar de alta intensidad. Esto llevó a extremar la vigilancia y restricciones en maniobras navales en determinadas áreas.
Otros episodios que ha sucedido de contaminación acústica submarina en España, han sido debidos a las ampliaciones de puertos comerciales y turísticos. También las obras ligadas a energías marinas, generan martilleo, perforaciones y movimientos de sedimentos que incrementan el ruido a nivel local durante meses.
El uso de cañones de aire para explorar el subsuelo marino puede alcanzar más de 200 dB y afectar a mamíferos marinos a grandes distancias. Aunque en España esto ha sucedido en pocas ocasiones.
El propio Ministerio para la Transición Ecológica reconoce la contaminación acústica marina como uno de los problemas emergentes más importantes para la biodiversidad. POr lo que se deberia evaluar el impacto sonoro de actividades como navegación, construcción y prospecciones. También se impulsan medidas de monitorización y guía para reducir el ruido, desde rutas y velocidades de los buques hasta el diseño de nuevas infraestructuras.




