En el ecosistema empresarial actual, anunciar que una compañía quiere ser «cero emisiones» ya no impresiona a nadie. La diferencia entre una comunicación corporativa que genera confianza y otra que roza el greenwashing radica en cómo se cuentan los avances reales.
Si buscas entender la sostenibilidad desde la práctica estratégica, comunicar la descarbonización no consiste en publicar notas de prensa triunfalistas, sino en diseñar un ejercicio riguroso de transparencia, pedagogía y rendición de cuentas.
Estas son las claves esenciales para construir una narrativa de descarbonización sólida y creíble.
1. Basar el relato en datos verosímiles y metodología (Science-Based Targets)
Las frases vagas como «somos más verdes» o «cuidamos el planeta» están completamente obsoletas. Una comunicación rigurosa exige rigor metodológico:
Objetivos auditables: Utilizar marcapasos reconocidos como los Science Based Targets (SBTi) para certificar que las metas están alineadas con la ciencia climática.
Métricas claras: Comunicar en toneladas de CO2 equivalente tCO2 reducidas, porcentajes respecto a un año base concreto y ahorro en la intensidad de carbono por unidad de negocio.
2. Desglosar los tres alcances (Scope 1, 2 y 3)
Hablar de descarbonización sin explicitar los alcances oculta la mitad de la historia. Una empresa transparente muestra la radiografía completa de su huella:
| Alcance | ¿Qué contempla? | Clave comunicativa |
| Alcance 1 | Emisiones directas (combustión en instalaciones, vehículos propios). | Medidas concretas de eficiencia interna y electrificación de flotas. |
| Alcance 2 | Emisiones indirectas por consumo de electricidad, calefacción o refrigeración. | Contratos de energía 100% renovable (PPA, Garantías de Origen). |
| Alcance 3 | Emisiones de la cadena de valor (proveedores, uso del producto, logística). | Es el mayor reto (suele representar >70% de la huella); comunicarlo demuestra madurez real. |
3. Asumir la complejidad y huir del triunfalismo
La descarbonización es un proceso técnico, costoso y no siempre lineal. La audiencia valora la honestidad por encima de la perfección impostada.
Regla de oro: Si un año las emisiones suben por un aumento extraordinario de producción o por la apertura de nuevos mercados, explícalo abiertamente junto con el plan corrector. Comunicar los contratiempos refuerza la credibilidad cuando llegan las buenas noticias.
4. Traducir el lenguaje técnico a un impacto tangible
El argot técnico de los informes de sostenibilidad (GRI, CSRD, EFRAG) es necesario para auditores e inversores, pero ineficaz para conectar con la sociedad.
Pedagogía visual: Transforma las cifras abstractas en equivalencias comprensibles (p. ej., «hemos reducido el equivalente a retirar 3.000 coches de la circulación al año»).
Formatos adaptados: Sintetiza el informe Anual de Sostenibilidad en dashboards interactivos, infografías o hilos de análisis claros en redes profesionales.
5. Involucrar a la comunidad y a la cadena de valor
Ninguna empresa se descarboniza de forma aislada. La estrategia de comunicación debe dar protagonismo a los facilitadores del cambio:
Involucrar al equipo interno: La cultura de sostenibilidad nace dentro; los empleados deben comprender el «porqué» de los cambios operativos.
Alinear a los proveedores: Divulgar los programas de capacitación y exigencias ambientales que se aplican a la cadena de suministro.
Un ejemplo práctico de la información de los avances en descarbonización
Un caso real lo podemos ver en la comunicación de un reconocido banco en España que publico estos datos.
En la cartera del sector de la generación de electricidad, BBVA ha conseguido reducir un 4% la intensidad de emisiones, desde el año base 2020 hasta 2022, alcanzando los 212 Kg CO2e/MWh.
“Esta bajada se debe principalmente al apoyo prestado a clientes que invierten en renovables y el empeño en reducir la nueva financiación a la generación de generación de electricidad a partir del carbón”, explica el informe. Los clientes avanzados en la transición ya representan el 83% del importe total comprometido en este sector.
En el sector de la fabricación de automóviles, se ha reducido la intensidad de emisiones un 4,8%, acortando distancias (195 g CO2/km) con la trayectoria de la industria (180 g CO2/km), especialmente durante el último año (-7 g CO2/km). Esto se debe al foco puesto en apoyar a clientes que invierten en nuevas tecnologías y que se encuentran avanzados¹ en la transición hacia la descarbonización (vehículos eléctricos e híbridos).
El objetivo de BBVA a 2030 es reducir en un 46% la intensidad de carbono de su cartera, medido en gramos CO2 por km (g CO2 /km) de emisiones de alcance 3². En este sector, los clientes avanzados en la transición “actualmente representan la totalidad del importe total comprometido”, según el informe TCFD.
En el sector del acero, la intensidad de emisiones de los clientes de BBVA se ha reducido en un 10,2% desde el año base 2020 hasta 2022. BBVA se ha comprometido a reducir su intensidad de carbono en un 23% en 2030. Esta cartera (1,140 kg CO2/T acero) ha mostrado mejor comportamiento que el mercado en su conjunto (1,750 kg CO2/T acero) de forma consistente los últimos dos años.
Los clientes avanzados en la transición representan el 68% del importe total comprometido en esta industria. Según el informe TCFD, “la descarbonización de la industria del acero requerirá fuertes inversiones en nuevos modos de producción”.
En el sector del cemento, la intensidad de emisiones se ha reducido un 1,4% entre 2020 y 2022. Esta intensidad (690 CO2/T cemento) “se comporta ligeramente mejor que la industria cementera en su conjunto (700 CO2/T cemento) que se ha mantenido estable durante los últimos años”.
El motivo principal es la reducción del tamaño de la cartera de BBVA desde 2020 (-1,5%). Los clientes avanzados en la transición representan el 82% del importe total comprometido en esta industria.
En cuanto al plan de transición y alineamiento del sector del carbón, BBVA continúa en su recorrido para “suprimir su exposición a clientes del carbón en países desarrollados en 2030 y a nivel global en 2040”, explica el informe TCFD. El 61% del importe total comprometido es con clientes con buenas perspectivas de que abandonen el carbón en los próximos años.
La clasificación por sectores para la descarbonización
BBVA ha desarrollado una taxonomía interna del riesgo de transición. Su objetivo es clasificar a cada sector en función de su sensibilidad al riesgo de transición (muy alta, alta, moderada o baja), e identificar métricas a nivel de cliente que permitan valorar su vulnerabilidad e integrarlas en las decisiones de riesgo y acompañamiento al cliente.
Nuevo modelo para alcanzar los avances en de descarbonización
El TCFD recoge también su nuevo modelo de gobierno para aprobar y seguir los objetivos de alineamiento por sectores, implementarlos y tomar decisiones derivadas de su gestión, basado en:
- Creación del ‘Steering Group’ de Alineamiento de la Sostenibilidad (SASG, en sus siglas en inglés). La función de este grupo es aprobar la propuesta de objetivos de descarbonización, evaluar el grado de cumplimiento y supervisar los planes para su consecución, y promover el conocimiento de las mejores prácticas sectoriales. Está formado por los responsables globales de las áreas de Sostenibilidad, Riesgos, Estrategia y Corporate & Investment Banking. Tras su paso por el SASG, el seguimiento del cumplimiento de los objetivos se presentará para su revisión al nivel ejecutivo más alto y a los órganos sociales con una periodicidad mínima bianual.
- Identificación de líderes en cada sector (o clúster de sectores) encargados de definir un Plan Estratégico Sectorial y sus indicadores clave para asegurar el cumplimiento de los objetivos de alineamiento.
- Integración en los procesos de negocio y riesgos. Se incluye el alineamiento del cliente y las expectativas de su evolución hacia una economía baja en carbono como una consideración más en las decisiones de riesgo del banco.




